Saltar al contenido

Cuando hablamos de inteligencia emocional no solo hablamos de la forma como llevamos nuestras relaciones amorosas, la inteligencia emocional es algo que afecta cada aspecto de nuestra vida y la forma como nos comportamos en el ámbito social y personal.

La inteligencia emocional es la capacidad para gestionar las emociones, la forma como percibimos y entendemos nuestro entorno, las cosas que suceden y cómo reaccionamos hacia estos factores. Tener una buena inteligencia emocional es vital para tener una buena salud mental y tener un desarrollo social adecuado.

Como casi todas las cosas en la vida, desarrollar una buena inteligencia emocional también es algo que se puede aprender. Quizá piensas que eres capaz de darle el manejo adecuado a las emociones que crean las situaciones diarias, o puede ser que seas consciente que debes trabajar para mejorar algunos aspectos, o simplemente no sabes o no te preocupa este tema.

Sin importar el nivel en que se encuentre, o donde crea que se encuentre, cuando somos conscientes y sobretodo capaces de gestionar adecuadamente nuestras emociones, veremos una mejora sustancial en nuestra calidad de vida y será una herramienta realmente útil para nosotros y como nos desenvolvemos en cada entorno en el que pasemos nuestros días.

Si te interesa saber si eres emocionalmente inteligente, tenga en cuenta estos 4 factores clave, que las personas con estas características desarrolladas, tienen:

1. Pensar antes de actuar

Esta es una recomendación que seguramente hemos hecho o nos han hecho en algún momento de nuestra vida. Esto se nota especialmente en las situaciones donde tenemos diferencias con otras personas. Ser consciente de las posibles reacciones puede ser la diferencia entre crear un mal rato o un disgusto largo y tratar de encontrar puntos de encuentro o no dejar que las cosas trasciendan. 

Cuando somos conscientes de las reacciones, nos daremos cuenta de que la mayoría de ellas son intrascendentes y no vale la pena tomarse las cosas personales. Esto hará que no nos dejemos llevar por el enfado y terminemos en muchos casos ofendiendo al interlocutor.

Las emociones son catalizadores de información, esta información nos sirve para funcionar de forma personal y social, pero en ocasiones esta información nos agobia y nos hará reaccionar de formas que lamentaremos después.

2. Las situaciones difíciles son retos por superar

Una parte fundamental de una buena inteligencia emocional es la capacidad de detectar las emociones negativas que nosotros mismo generamos. Cuando usamos las emociones positivas y persistimos en esto, aunque las situaciones no sean favorables, es una evidencia clara de que tenemos una alta inteligencia emocional.

Un ejemplo de esto, es cuando en la universidad perdemos un examen importante, la actitud correcta y positiva ante esto sería, tomarlo como una lección y un reto para nosotros, trabajando en fortalecer las debilidades que esta evaluación evidenció. Una persona débil emocionalmente se llenará de angustia y de sentimientos de incapacidad, la cual terminará por generar bloqueos que simplemente profundizaran las cosas malas y harán que las cosas parezcan más difíciles de lo que realmente son.

3. Capacidad de cambiar las emociones

Como lo comente antes, esto también es un proceso de aprendizaje y entrenamiento. Nadie está exento de tener un mal día y que las emociones negativas hagan salir lo peor de nosotros. Pero cuando se tiene fortaleza emocional, la capacidad de controlar esos baches emocionales, será mucho mayor.

No podemos negar que el estrés y la ansiedad son procesos adaptativos con funciones necesarias para la vida, por eso la evolución las dejó allí. En niveles bajos de ansiedad por ejemplo, nuestro nivel de motivación y concentración pueden ser mejores, o en una situación de peligro, el estrés nos puede permitir ponernos a salvo.

El objetivo es ser capaz de canalizar nuestros niveles de ansiedad para que sea la situación que sea, tengamos posibilidad de lidiar con ella, disminuyendo la incertidumbre que un primer momento pudo generar.

Las personas emocionalmente inteligentes aprenden a mantener la ansiedad en niveles bajos o moderados, de tal manera que no se conviertan en bloqueos para actuar correctamente.

4. Póngase en los zapatos del otro

Cuando somos capaces de ir más allá de nuestra propia persona, es una señal de una saludable inteligencia emocional y madurez. Este punto se evidencia claramente en los puestos de trabajo donde se deben atender personas o clientes en una organización, lidiar con clientes enfadados o decepcionados no es para nada agradable, pero tener la capacidad de ponernos en los zapatos de la otra persona, permitirá generar una mejor comprensión y empatía con esta.

Este es tan importante que en la actualidad las empresas constantemente están trabajando en capacitar a sus empleados en estas habilidades, lo cual ha impactado positivamente el rendimiento y la productividad.

Lo importante en este punto, es que debemos enfocarnos tanto en la gestión como en la expresión de las emociones, con esto notaremos cambios importantes en todos los aspectos de nuestra vida.

Por último no debemos olvidar que los seres humanos tenemos la capacidad de mejorar las competencias cognitivas a lo largo de nuestra vida y como ya lo mencioné, estas son habilidades que se pueden desarrollar.